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domingo, 13 de diciembre de 2009

Los porqués de Juanito; ¿Estatua de la risible clase política?


Tras cinco meses de permanecer en el ojo del huracán, la historia de quien antes de ser candidato sustituible en Iztapalapa; Rafael Acosta “Juanito” era un simple desconocido, concluyó como inició; de risa y demostrando que en nuestro país, en México, todo y de todo se vale; más, cuando se trata de acciones de tipo político.

Todo comenzó cuando dentro del proceso interno de elección de candidato del PRD en Iztapalapa, propio al estilo de la llamada izquierda mexicana, los gritos y sombrerazos entre Clara Brugada y Silvia Oliva tocaron las puertas del Tribunal Electoral, situación que concluyó con el otorgamiento de la candidatura del PRD a doña Silvia Oliva.

Ante tal circunstancia, el artífice y líder de este circo y cochinero político; Andrés Manuel López Obrador acorde a su estilo pidió a los simpatizantes amarillos de Iztapalapa votar por quien hasta ese momento parecía sacado de las paginas de las revistas mexicanas más populares.

Así, el pueblo mexicano y el resto del mundo presenció uno de los actos más deleznables de lo que la política mexicana representa, momento en el que el propio Andrés Manuel solicita dentro de un mitin a “Juanito” que una vez que asumiera el cargo debía declinar a favor de Clara Brugada; ¿Y lo establecido en la Constitución y en las leyes respecto a la obligatoriedad de los cargos públicos? Eso amigo lector no importó, lo importante era simple y sencillamente evitar que Silvia Oliva obtuviera el triunfo.

De esta forma es como nace “Juanito” producto de la irresponsabilidad y falta de respeto al sistema democrático de aquel que piensa que el Estado radica en él mismo. Pero, ¿Qué importancia tenia Iztapalapa como para montar un circo de tal magnitud y tales consecuencias?, ¿Qué intereses rodearon a “Juanito” para revelerse frente a quienes le habían otorgado poder y popularidad?.

Recordemos que Iztapalapa a pesar de ser una delegación más del Distrito Federal, goza de un presupuesto de cuatro mil millones de pesos, botín –como es visto por aquellos que simpatizan con el “legitimo”- interesante y jugoso como interesantes eran los recursos que AMLO obtenía del SME.

Una vez que se analizó la capacidad presupuestal de esta Delegación no solamente fue observada como importante por los “legítimos”, sino atrajo la mirada de los “Chuchos” y los “petistas”. Bajo esta tónica “Juanito” y su accionar se volvían la manzana de la discordia.

Tras lo anterior este celebre personaje -quien según su dicho, se define como luchador social- pasaba de la subversión a la de títere político, hasta que llegó lo que menos nos imaginamos. La PGJDF, sí aquella que carece de toda credibilidad y eficiencia por parte de la sociedad por sus escasos resultados, logró lo que las instituciones electorales en todos sus niveles no hicieron; conseguir las pruebas que acreditaban la falsedad de documentos con los que “Juanito” había conseguido su candidatura. ¿Cuántos más como “Juanito” se habrán registrado con documentos pirata?.

Pero esos no son importantes para la PGJDF, pero Rafael Acosta si lo era, pues su rebeldía alejada de todo contexto político se convertía en peligrosa para el status quo de las huestes perredistas del DF.

Lo anterior fue la herramienta de negociación, por no decir de chantaje, por parte de Marcelo Ebrad para hacer renunciar a “Juanito”, pues de no hacerlo seria culpado de falsificación de documentos, delito que tiene como pena entre 4 y 8 años y para el caso de servidores públicos, este castigo se ve duplicado, por lo que la disyuntiva de Acosta era clara, o renunciaba o lo encarcelaban.

Pero si todo lo anterior nos es repugnante, lo peor no queda ahí, tras toda esta burla política ¿Dónde queda la gente de Iztapalapa?, ¿Dónde quedan los delitos cometidos por Rafael Acosta?, ¿Qué no se supone que son delitos que se persiguen de oficio?, ¿Acaso no debería enjuiciársele por actuar contrario a la ley? No amigo lector, la ley y la aplicación de la misma corresponden únicamente a los intereses de quien la aplica y la ejecuta, de aquellos quienes de la misma forma en la que pueden utilizar a “Juanito” solo les importa los millones de pesos con los que cuenta de presupuesto Iztapalapa y no aquellos que observaron en Rafael Acosta la oportunidad de ser gobernados por un símil, alguien proveniente de las zonas marginadas, que basta decir, en esa parte del DF, son muchas y de todo tipo.

Al final del día “Juanito” no es más que la figura de bronce de la repugnante clase política mexicana, misma que no es más que un circo barato de una democracia sustentada en intereses y complicidades de unos cuantos que utilizan el dinero público para el logro de sus fines más personales.

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