Es un espacio que contiene las opiniones vertidas en los distintos medios de comunicación donde participa el autor y que tienen que ver con el acontecer social, económico y político, tanto nacional como local.

lunes, 22 de marzo de 2010

La ilegalidad en la Capital del Estado

Desde su campaña para la Alcaldía de Tlaxcala, Lorena Cuellar Cisneros, estableció como prioridad el crear un mecanismo que permitiera agilizar el tráfico en el primer cuadro de la Capital, además de dar la oportunidad al comercio establecido en esta parte del municipio, de obtener más ganancias; toda vez que sería más accesible el circular por el centro tlaxcalteca.

La fórmula que se encontró para dar respuesta a lo anterior fue el establecimiento de parquímetros para que las calles capitalinas en el centro de Tlaxcala dejaran de ser los estacionamientos permanentes, principalmente de la burocracia quienes practicamente secuestraban todos y cada uno de los lugares disponibles en la zona.

La puesta en marcha de este programa de parquímetros fue bien acogida por la ciudadanía, principalmente por aquellos que a diario tenían que lidiar con los problemas que se generaban previo a su instalación, incluso fue tan bien visto que se ha solicitado la ampliación del programa a otras muchas más calles de la Ciudad de Tlaxcala.

A pesar de lo anterior también resulta fundamental señalar la serie de irregularidades con las que los parquímetros operan, sobre todo cuando los vecinos y turistas de esta importante Ciudad se ven lesionados; la mayoría de las veces, por desconocimiento en la operación de los aparatos.

Y es que la inconformidad que ha causado la falta de información y orientación a la ciudadanía que no se encuentra familiarizada con este programa y su funcionamiento es tan grave que ya ha sido motivo de crítica.

Pero, vayamos por partes; si una persona no paga el parquímetro, su vehículo es inmovilizado por parte del personal responsable de la compañía operadora, quien mediante un candado impide que el auto pueda circular, dejando tan solo una nota que señala literalmente: “Su vehículo esta inmovilizado por no usar parquímetro. Favor de pagar su multa en el mismo. En breve estará un supervisor ahí para removerlo”. Además establece como domicilio; el ubicado en la calle 20 de noviembre no. 20; curiosamente ubicado junto a la casa donde habita la ahora precandidata priista a la gubernatura.

Aquí es donde las suspicacias comienzan a aparecer, ¿Quiénes controlan este programa?, ¿Quién se beneficia con el lucro que genera el cobrar por utilizar la vía pública? La empresa responsable de operar los parquímetros en Tlaxcala, es exactamente la misma que en nuestra vecina Ciudad de Puebla en los tiempos de Enrique Doger, falló en su intento para instalarse en el centro histórico de dicha metrópoli, gracias a la resistencia de gran parte de los poblanos.

COPEMSA, como se denomina en Tlaxcala, fue impedida en Puebla para establecerse bajo la razón social de JAJOMAR, como empresa operadora de parquímetros por dos razones fundamentales; la primera por las imputaciones de tráfico de influencias a los propietarios de dicha empresa que a la fecha los hace propietarios del Paseo de San Francisco en Puebla capital. Y la segunda por qué el criterio con el que ésta ópera es contrario a las leyes, principalmente la Constitución.

La concesión para operar los parquímetros en Tlaxcala y de la que no se conocen los términos y condiciones, incluso las participaciones de dicha explotación es una circunstancia que por sí misma genera duda, iniciando por el hecho de que al ser administrado por particulares, privatiza la vía pública, además de dotar de facultades de molestia a quienes no son autoridades.

La inmovilización que se hace de un vehículo por no pagar el parquímetro en sí misma es un delito, ya que de acuerdo a lo que señala nuestra carta magna en su artículo 16 y que a la letra dice: “Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento”, solo las autoridades tienen facultades para inmovilizar los vehículos.

Pero lo anterior no es lo peor, sino además que la propia empresa privada tiene supuestamente facultades para castigar a otros particulares e incluso imponer multas, sin otorgar ningún recibo, ni mucho menos documento que acredite su personalidad o facultad.

Tal es la impunidad que ha generado esta empresa que su personal se siente inmune tratando a la mayoría de los tlaxcaltecas y turistas con una prepotencia como si fueren los dueños de la calle, auspiciados por la propia autoridad.

Esperemos que el Ayuntamiento capitalino brinde a todos una explicación y corrija las anomalías jurídicas con las que los parquímetros son operados en Tlaxcala, pues resulta cuestionable que para la corrección de un problema se generen actos de corrupción, ilegalidad y principalmente se lucre con la ciudadanía. Al tiempo.

jueves, 4 de marzo de 2010

La generación del NO

En días anteriores se presentó un desplegado firmado por grandes personajes de la critica sobre el acontecer nacional y quienes mediante esta publicación pretenden dar fluidez e iniciar la discusión que sobre la Reforma del Estado se esta planteando ahora –tras la propuesta senatorial del PRI- con mayor insistencia en el Senado de la República.
De esta manera se demuestra una situación que en este mismo espacio se había planteado con antelación bajo el titulo de “la Generación perdida”, es decir, la generación -en términos de Ortega y Gasset- que tiene atrapada la política y la voluntad de decisión de los ciudadanos bajo el discurso demagógico de la representatividad, la clase política que mediante discusiones triviales posterga el desarrollo de la nación, limita las reformas que buenas o no son necesarias, rehúsa el debate anteponiendo las discusiones sobre plataformas de intereses personales y con ello asfixia día con día al sistema político mexicano.

Pero vayamos por partes. Muchas son las criticas que sobre el desplegado los autores han recibido, ya sean a favor o simplemente puntualizando algunos errores de forma. Lo cierto es que para la ciudadanía, para los llamados mexicanos de a pie, aquellos que no tienen doctorado, licenciatura e incluso instrucción alguna, el desplegado a causado eco y fundamentalmente han entendido a lo que estos formadores de opinión se refieren; a los políticos.

Así es amigo lector, el desplegado “No a la Generación del no”, no es otra cosa que una manifestación del sentir de la colectividad, es la expresión pura del hartazgo que sobre la clase política se tiene. Pero ¿Quiénes representan la generación del no?, ¿Quiénes son los responsables de este hartazgo político?, ¿Tienen nombre y apellido aquellos que con su actuar han constituido el mote de generación del fracaso, a la actual clase política?

A lo largo de la historia política de las naciones, las grandes transformaciones –se refiere el ya citado Ortega y Gasset- vienen antecedidas por generaciones de grandes hombres ilustres que mediante el debate de altura permiten y dan forma a las reformas fundamentales que sus respectivas naciones necesitan en un momento determinado.

De esta manera nuestra clase política en la actualidad se ha caracterizado por la inexistencia de este tipo de personajes, los que vislumbran en su pensar un panorama diferente para nuestro país, aquellos que como Reyes Heroles mediante su ingeniería constitucional lograron crear el sistema plural mexicano, aquellos que mediante debates crearon los llamados organismos constitucionales autónomos como el Instituto Federal Electoral, el Banco de México, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, etc. Aquellos que en 1917 elaboraron la primera constitución social en la historia de la humanidad, muy por encima de la Constitución de Weimar realizada en la Alemania de 1919 y de la cual erróneamente se establece la calidad de ser la primera constitución social en la historia.

La carencia de verdaderos líderes políticos es a lo que se refiere dicho desplegado de la Generación del no; aquellos que de acuerdo a lo que señala Platón son los que deben guiar los destinos de cada pueblo, los únicos que son capaces de dimensionar y observar más allá del acontecer diario.

Ya sean priistas, perredistas o panistas, estos hombres brillan por su ausencia, pero lo que si abunda es la existencia de grupos de poder, quienes han secuestrado la política, aquellos que se niegan a la reelección, por ser un acto antidemocrático, pero que gracias a la voluntad representativa del sistema plurinominal han encontrado los mecanismos para perpetuarse en el poder.

Aquellos que se niegan a reducir el número de curules en San Lázaro o en Xicoténcatl, o bien en los Congresos de los Estados, aquellos que lejos de analizar la propuesta política del Presidente a priori la rechazan, critican y condenan.

Los mismos que durante mas de 13 años se han perpetuado en el Congreso de la Unión y que han bloqueado el accionar presidencial, sí los que limitaron la reforma energética, los que se rehúsan a aprobar una autentica reforma fiscal, aquellos que retrocedieron con las reformas electorales de 2007, y que ahora anteponen las elecciones que la reforma política.

Esperemos que pronto nuestro país, encuentre a los verdaderos representantes populares, aquellos que den un nuevo rumbo a nuestro país y que éste llamado de la colectividad, de los que marcan opinión pública sea el comienzo de una exigencia ciudadana valida, de un reclamo verdadero que permita la transformación del país.

Urge no solamente el análisis de la Reforma del Estado, sino el diseño de una nación donde el partido en el gobierno constituya mayorías reales en el Congreso, de no existir esta premisa el impasse político que vive nuestro país puede derivar en formas de exigencia más dañinas y peligrosas. A la clase política les recuerdo que lo peor es aquello que no se hace. Al tiempo.