A lo largo de los últimos días y curiosamente en concordancia con la Semana –truncada por cierto- de transparencia se han venido evidenciando un sinfín de actos de mal manejo de recursos públicos donde el Órgano de Fiscalización Superior ha hecho efectivas las reprobaciones de algunas cuentas públicas por parte de ciertos ayuntamientos que a juicio de dicho organismo han incurrido en anomalías importantes respecto a sus tesorerías.
En este sentido bien vale la pena detenerse un poco para analizar la importancia de la rendición de cuentas o accountability, el equilibrio de poderes y principalmente la transparencia en los entes gubernamentales como conceptos pilares del funcionamiento de las democracias modernas, y como elementos importantes de las reglas del juego democrático.
La rendición de cuentas es; a diferencia de la transparencia, un elemento que debe cumplir todo gobierno que diste de clasificarse como democrático, y para lo cual, deben existir en todo momento organismos responsables de calificar la actuación de aquellas entidades públicas que pertenezcan a determinado sistema político concreto y cuyas decisiones sean a su vez recurribles en un marco de observancia irrestricta de la ley.
Lo anterior lo menciono ya que parece indicar que algunos presidentes municipales desconocen la función principal del Órgano de Fiscalización Superior y se han dedicado a cuestionar su actuar, señalando incluso favoritismo y parcialidad a ciertos ayuntamientos.
Basta recordar la máxima de Ortega y Gasset que señala que “los hombres no pueden ser objetivos, pues no son objetos” en estos términos las calificaciones del órgano responsable de validar la rendición de cuentas de los municipios tlaxcaltecas debe en todo momento apegarse a lo establecido en la norma, pues esta si es eminentemente objetiva.
Por tanto y pese a los brincos y pataleos de los presidentes municipales las determinaciones del Órgano de Fiscalización Superior son emanadas de sus facultades y atribuciones establecidas en la ley y a las cuales todos y cada uno de los municipios estatales están obligados a observar. ¿Cómo pedir mayor rendición de cuentas si los actos de la institución creada ex profeso para calificar la actuación de los cabildos se politiza y se cuestiona?, ¿Qué a acaso como toda autoridad los presidentes municipales inconformes no están obligados a observar en todo momento la norma?, ¿Y por qué mas que realizar declaraciones las máximas autoridades locales no se defienden en términos de la propia ley?
Desde el momento de acceder al cargo los presidentes de los sesenta municipios del Estado conocían las obligaciones que respecto a la rendición de cuentas existe en la Entidad, además de conocer también al árbitro de las mismas, como se dice coloquialmente, “que a toro pasado” no vengan a decirnos que no están de acuerdo. Esas son para Norberto Bobbio las reglas del juego democrático que todos los actores políticos deben conocer y respetar.
Asimismo la rendición de cuentas aunque parte de la transparencia no es necesariamente lo mismo, pues la segunda no solamente representa la obligación por parte de la autoridad de evidenciar el uso de los recursos públicos, sino de la misma manera garantiza el derecho por parte de los ciudadanos a conocer cuanta circunstancia requieran saber de los asuntos públicos.
Finalmente debe entenderse también que el Congreso del Estado no es un cómplice del Órgano de Fiscalización Superior, sino en el marco del principio de pesos y contrapesos democráticos, en el Congreso Local, se encuentran presentes los representantes populares y que una de sus funciones es la de vigilar y fiscalizar la actuación de los otros dos poderes, principalmente los de carácter ejecutivo, tanto estatal como los emanados de los ayuntamientos.
Y es que en el marco de este juego democrático las reglas deben ser perfectamente entendidas y sobre todo respetadas por aquellos que en él participan, pues de lo contrario, por más esfuerzos que se realicen, por mas leyes que se promulguen o por más políticas públicas que se impulsen y se implementen la rendición de cuentas, la transparencia y el equilibrio de poderes no será más que una falacia de las tantas que tiene nuestro sistema jurídico-político y que constituyen la mayor de las limitantes para el correcto desarrollo de la sociedad.
Esperemos que tanto ayuntamientos, como presidentes municipales entiendan que la rendición de cuentas y la aprobación de las mismas por el Órgano de Fiscalización Superior y el Congreso del Estado no es algo que a alguien se le haya ocurrido de repente, pues ambas, constituyen y son parte importante del accountability que en todo sistema democrático debe existir y que por tanto debe ser aceptado o en su caso recurrido con los elementos de derecho que se crean oportunos y ante las autoridades que sean las competentes para su revisión.