A lo largo de las ultimas semanas se ha vivido en nuestro país discusiones cuya circunstancia prioritaria radica en las subjetividades que el propio carácter de las mismas implica; ya sea la posibilidad de que las parejas de un mismo sexo puedan contraer matrimonio, o bien adoptar, así como se ha revivido la antiquísima discusión sobre la penalización del aborto. Supuesto, éste último; que en Tlaxcala, parece estar cerca de convertirse en una realidad.
El aborto es un tema que involucra a distintos actores y por lo cual durante años ha sido un tema tabú dentro de la sociedad mexicana y más aun en la sociedad tlaxcalteca, al considerar como prioritario el aspecto moral que el propio acto de interrumpir el embarazo implica.
El hecho de considerar el aspecto moral como determinante para penalizar el aborto ha producido por décadas que se originara un problema de salud pública en nuestro país en virtud de que a pesar de existir pena para quien interrumpe el embarazo, este tipo de actos son tan comunes que han permitido la proliferación de clínicas sin ninguna regulación, higiene y profesionalismo. Incluso es tan común la práctica de abortar y practicar abortos que en los propios medios de comunicación impresa pueden verse con frecuencia anuncios donde se promociona esta practica ilegal.
Basado en lo anterior el proyecto mediante el cual pretende incluirse un primer párrafo a la fracción I del artículo 19 de la constitución local, que tiene como fin garantizar el derecho a la vida desde la concepción, basado en un principio del Derecho romano que refiere: “Al infante concebido se le entiende por nacido para todo aquello que le beneficie”. Si tomamos como base este principio, bien debemos preguntarnos ¿Qué se entiende por concepción?, ¿Cuándo validamente se puede decir que un embrión se puede considerar como un ser humano? La respuesta la tiene la ciencia, pues ésta ha demostrado que marca la línea divisoria de aquel embrión que devendrá hombre y aquel que nunca lo será, la aparición del tejido neural, mismo que permite suponer el posterior desarrollo del cerebro y la consiguiente "humanización" del hombre mediante el progreso de su capacidad intelectual, lo que se presenta después de los 40 días de la fecundación.
Ahora bien si consideramos el punto de vista jurídico, el aborto es ya considerado un delito establecido en el artículo 277 del Código Penal aplicable para el Estado, cuya pena no rebasa los dos meses de prisión, es decir se trata de un delito culposo de acuerdo a lo que advierte el artículo 51 del propio ordenamiento legal. Si es verdad que lo que se quiere es protegerse el derecho a la vida; ¿Acaso no debería considerarse al aborto –por atentar a la vida- como delito grave?
Aunado a lo anterior, debe también considerarse que la aplicación de este artículo 277 del Código Penal es inexistente, pues a la fecha no se tiene noticia y menos registro de que exista alguna averiguación previa y mucho menos sentencia a alguna mujer o medico por realizar o haberse realizado un aborto, lo que técnicamente lo vuelve una norma vigente pero ineficaz; cuya observancia es nula, tan nula que lo que realmente se pone en riesgo al prohibir el aborto, es la vida de las mujeres que día con día acuden a interrumpir un embarazo bajo circunstancias insalubres; es decir, con la protección del derecho a la vida mediante la prohibición del aborto, se lesiona el derecho a decidir de las mujeres y además se pone en riesgo el derecho a la vida de una persona cierta y determinada; la mujer que se lo practica.
Ahora bien, no debe confundirse por la sociedad, las autoridades y las instituciones religiosas que la despenalización del aborto implica la obligación de hacerlo, sino por el contrario, implica como ya se señalo el garantizar a las mujeres su derecho a decidir libremente sobre su cuerpo dejando el aspecto moral y religioso a su libre albedrío, pues la moral, es una cuestión puramente subjetiva que depende de cada persona en lo individual. Recordemos que en un Estado moderna, liberal y laico la moralidad no puede ser un elemento que se anteponga al derecho que garantiza la libertad de decisión de las personas, y menos tomarse en consideración para establecer una conducta delictiva.
Asimismo la despenalización del aborto debe ir acompañada de programas educativos que garanticen el correcto y pleno desarrollo sexual de los jóvenes, donde se oriente a los adolescentes sobre la práctica y mecanismos anticonceptivos que existen para la planificación familiar.
Esperemos que nuestros diputados locales tomen en consideración todos estos argumentos en el momento de entrar al debate sobre la penalización del aborto pues como ya he señalado es un problema de salud pública que ha provocado la muerte a miles de mujeres, además que de aprobarse la ley antiaborto no existe ninguna garantía para que esta practica deje de presentarse a diario en Tlaxcala.