En días anteriores se presentó un desplegado firmado por grandes personajes de la critica sobre el acontecer nacional y quienes mediante esta publicación pretenden dar fluidez e iniciar la discusión que sobre la Reforma del Estado se esta planteando ahora –tras la propuesta senatorial del PRI- con mayor insistencia en el Senado de la República.
De esta manera se demuestra una situación que en este mismo espacio se había planteado con antelación bajo el titulo de “la Generación perdida”, es decir, la generación -en términos de Ortega y Gasset- que tiene atrapada la política y la voluntad de decisión de los ciudadanos bajo el discurso demagógico de la representatividad, la clase política que mediante discusiones triviales posterga el desarrollo de la nación, limita las reformas que buenas o no son necesarias, rehúsa el debate anteponiendo las discusiones sobre plataformas de intereses personales y con ello asfixia día con día al sistema político mexicano.
Pero vayamos por partes. Muchas son las criticas que sobre el desplegado los autores han recibido, ya sean a favor o simplemente puntualizando algunos errores de forma. Lo cierto es que para la ciudadanía, para los llamados mexicanos de a pie, aquellos que no tienen doctorado, licenciatura e incluso instrucción alguna, el desplegado a causado eco y fundamentalmente han entendido a lo que estos formadores de opinión se refieren; a los políticos.
Así es amigo lector, el desplegado “No a la Generación del no”, no es otra cosa que una manifestación del sentir de la colectividad, es la expresión pura del hartazgo que sobre la clase política se tiene. Pero ¿Quiénes representan la generación del no?, ¿Quiénes son los responsables de este hartazgo político?, ¿Tienen nombre y apellido aquellos que con su actuar han constituido el mote de generación del fracaso, a la actual clase política?
A lo largo de la historia política de las naciones, las grandes transformaciones –se refiere el ya citado Ortega y Gasset- vienen antecedidas por generaciones de grandes hombres ilustres que mediante el debate de altura permiten y dan forma a las reformas fundamentales que sus respectivas naciones necesitan en un momento determinado.
De esta manera nuestra clase política en la actualidad se ha caracterizado por la inexistencia de este tipo de personajes, los que vislumbran en su pensar un panorama diferente para nuestro país, aquellos que como Reyes Heroles mediante su ingeniería constitucional lograron crear el sistema plural mexicano, aquellos que mediante debates crearon los llamados organismos constitucionales autónomos como el Instituto Federal Electoral, el Banco de México, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, etc. Aquellos que en 1917 elaboraron la primera constitución social en la historia de la humanidad, muy por encima de la Constitución de Weimar realizada en la Alemania de 1919 y de la cual erróneamente se establece la calidad de ser la primera constitución social en la historia.
La carencia de verdaderos líderes políticos es a lo que se refiere dicho desplegado de la Generación del no; aquellos que de acuerdo a lo que señala Platón son los que deben guiar los destinos de cada pueblo, los únicos que son capaces de dimensionar y observar más allá del acontecer diario.
Ya sean priistas, perredistas o panistas, estos hombres brillan por su ausencia, pero lo que si abunda es la existencia de grupos de poder, quienes han secuestrado la política, aquellos que se niegan a la reelección, por ser un acto antidemocrático, pero que gracias a la voluntad representativa del sistema plurinominal han encontrado los mecanismos para perpetuarse en el poder.
Aquellos que se niegan a reducir el número de curules en San Lázaro o en Xicoténcatl, o bien en los Congresos de los Estados, aquellos que lejos de analizar la propuesta política del Presidente a priori la rechazan, critican y condenan.
Los mismos que durante mas de 13 años se han perpetuado en el Congreso de la Unión y que han bloqueado el accionar presidencial, sí los que limitaron la reforma energética, los que se rehúsan a aprobar una autentica reforma fiscal, aquellos que retrocedieron con las reformas electorales de 2007, y que ahora anteponen las elecciones que la reforma política.
Esperemos que pronto nuestro país, encuentre a los verdaderos representantes populares, aquellos que den un nuevo rumbo a nuestro país y que éste llamado de la colectividad, de los que marcan opinión pública sea el comienzo de una exigencia ciudadana valida, de un reclamo verdadero que permita la transformación del país.
Urge no solamente el análisis de la Reforma del Estado, sino el diseño de una nación donde el partido en el gobierno constituya mayorías reales en el Congreso, de no existir esta premisa el impasse político que vive nuestro país puede derivar en formas de exigencia más dañinas y peligrosas. A la clase política les recuerdo que lo peor es aquello que no se hace. Al tiempo.
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