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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Color de hormiga

La semana pasada nos referimos a las complejidades que las nuevas reglas del juego democrático trajeron consigo en una Entidad tan politizada como lo es nuestro Tlaxcala. Sobre todo, cuando el terreno de juego resulta turbio, los jugadores se reprochan y señalan entre sí, así como también, el árbitro de la disputa comienza a preocuparse por otros aspectos distintos a los de ser garante y brindar certeza de una contienda electoral justa, equitativa y transparente que permita garantizarle a la población de que el triunfador será quién obtenga más votos.
 
Y es que sin duda la elección extraordinaria que se llevará a cabo en distintas localidades de la Entidad ha comenzado a tornarse sumamente complicada, derivado de los señalamientos y acciones contrarias a la legalidad, emprendidas por los partidos políticos a la par de la pasividad mostrada por quien, al menos en la ley, tiene la responsabilidad de preparar, organizar y validar la elección.
 
Sin embargo, dicho órgano colegiado el cual despacha en la exfábrica de San Manuel, hoy, se encuentra sumido en sendos problemas derivados de los señalamientos realizados por la Contralora Interna; la falta de recursos económicos y la imposibilidad política y de gestión para poder fundamentar que con los recursos que hoy cuentan podrán sacar adelante los comicios que se avecinan.
 
Al respecto, vale la pena referirnos al papel que debe desempeñar cualquier árbitro electoral. La función del órgano comicial local resulta de vital importancia en la consolidación del modelo democrático mexicano, principalmente, por el hecho de ser el responsable de velar por el principio rector de toda democracia; el respeto a la voluntad ciudadana. Es decir, es el agente obligado a materializar a través de su actuar aquellos valores que caracterizan al Estado moderno, tales como la imparcialidad, la responsabilidad, la equidad, entre otros.
 
Desafortunadamente, y aludiendo a la serie de acusaciones realizadas por su propio órgano de control interno, sus acciones en caso de ser comprobadas serán totalmente despegadas de dichos valores. ¿Cómo hacer pensar a la ciudadanía que en la contienda electoral el responsable actuará con probidad cuando se ha puesto en entre dicho sus acciones y resultados no sólo por parte de la misma sociedad, sino por los actores y la clase política? ¿Qué idea tendrán los tribunales federales en materia electoral cuando han, de igual forma, evidenciado los escasos resultados del instituto local? Hoy sin duda esos mismos tribunales se preguntarán si efectivamente valió la pena y resultó mejor anular ciertas elecciones en Tlaxcala.
 
Hoy más que nunca la ciudadanía debe comportarse activamente y participar en las contiendas electorales que están por venir, de lo contrario, nuestro sistema representativo local quedará debilitado y no por las instituciones sino por aquellos que son los responsables de representarlas.
Si bien es cierto existen errores, éstos no deben ser limitante para que la sociedad tenga la capacidad para hacer respetar su voluntad. Al final de cuentas, como lo advirtiera el Gobernador del Estado "no es momento de hacer leña del árbol caído". Al tiempo.
 
Desde la barrera
 
Y haciendo referencia al dicho antes mencionado, la semana pasada se suscitó una de las páginas más lamentables en la historia de la LX Legislatura local. El señalamiento realizado por una representante suplente a los medios de comunicación de privilegiar su economía por encima de la objetivad resulta penoso, no sólo para la joven diputada sino para el propio sistema político tlaxcalteca. Al respecto valga desde este espacio nuestro apoyo al compañero reportero Leonel Tlalmis cuya manera de ejercer el periodismo resulta intachable

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