Señala Manuel Alcántara -tratadista y politólogo español- que uno de los problemas de los gobiernos actuales es la incapacidad que tienen las administraciones públicas en sus distintos niveles para dar respuesta a las necesidades colectivas, las cuales, día con día se incrementan y aumentan de complejidad.
En este sentido, la ingobernabilidad no es otra cosa más que la incapacidad de los gobiernos para resolver la problemática social en un marco mínimo de eficacia y eficiencia.
Así, Apizaco vive desde hace ya casi tres años un problema colectivo que parece incrementarse a diario provocado principalmente por la falta de capacidad de la autoridad local para dar respuesta a los problemas que al interior de la comuna rielera se viven. Incluso, lejos de solucionarlos los ha incrementado, provocando una desconfianza absoluta en las personas que integran el Ayuntamiento de dicha ciudad.
La falta de respuesta a los problemas sociales y la ausencia de prestación de servicios de calidad por parte del Ayuntamiento ha sido la principal característica del gobierno que encabeza Alex Ortiz, el cual a lo largo de todo el trienio, se ha visto envuelto en acusaciones de corrupción y desprestigio personal que han desviado la atención de aquellos que están obligados a trabajar en beneficio de la llamada “Ciudad modelo”.
De esta manera, el pasado jueves la administración municipal decidió implementar un operativo con el fin de desalojar de la vía pública a los comerciantes ambulantes, los cuales mediante el uso de la fuerza pública, vieron como sus medios para subsistir eran destruidos por aquellos que dicen defender los intereses de los ciudadanos. Y es que si bien es cierto, cualquier gobierno goza del monopolio legítimo del uso de la fuerza, éste debe ser utilizado como el último elemento para hacer valer las determinaciones y decisiones tomadas por la autoridad.
Derivado de ese hecho surgen para el Ayuntamiento rielero un sin número de cuestionamientos; ¿El uso desmedido de la fuerza era un recurso necesario de aplicar frente a los comerciantes ambulantes?, ¿Cuál fue el sentido real de ejercer la fuerza pública con tal violencia?, ¿Qué hará el gobierno apizaquense con aquellos que ven en el comercio informal la única manera de sobrevivir y satisfacer sus necesidades?
El comercio informal es un problema no sólo dentro del municipio de Apizaco, sino prácticamente de todas las ciudades de México y de la mayoría del mundo; se ha vuelto una de las formas a través de las cuales aquellos que no tienen acceso al mercado laboral establecido logran hacerse de recursos económicos mínimos para subsistir, derivado principalmente de la incapacidad gubernamental para generar las condiciones necesarias para que ellos puedan acceder a fuentes de trabajo más optimas.
Por ello, el uso de la fuerza pública para despojarlos de sus fuentes de ingreso es una acción cuestionada y criticada toda vez que la decisión de aquellos que venden productos y servicios en la vía pública tiene su origen en la incapacidad gubernamental para que accedan a mejores fuentes de empleo.
Así, lo ocurrido el pasado jueves en la ciudad rielera es una acción negativa en todo sentido, no sólo porque el uso de la fuerza pública fue excesivo e irresponsable, sino además evidenció la falta de oficio político por parte de las autoridades municipales quienes lejos de consensar y regular la actividad comercial en las calles de dicho municipio decidieron reprimir a la ciudadanía, en su mayoría mujeres.
¿Dónde quedó la política al interior de la comuna apizaquense?, ¿Dónde quedaron los mecanismos de diálogo y concertación para generar las condiciones necesarias para que aquellos que se dedican al comercio informal se regulen y puedan gozar de los medios para subsistir?, ¿Dónde quedó la gobernabilidad de esta ciudad?
Esperemos que pronto las autoridades de dicha localidad tlaxcalteca entiendan que el uso de la fuerza pública es el mecanismo último con el que cuenta el gobierno para hacer cumplir sus determinaciones. El uso excesivo y constante de los mecanismos de coacción legítima pone de manifiesto la incapacidad de las personas que tienen en sus manos el destino de la comunidad y generan en la colectividad; la sensación de un Estado represor incapaz de dar solución a los problemas sociales a través del diálogo y el consenso.
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