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domingo, 20 de septiembre de 2009

Los “Pactos de la Moncloa” un ejemplo para el México Bicentenario.

A 199 años de haberse iniciado la lucha por la Independencia de nuestro país y 99 años de presentarse uno de los capítulos más sangrientos en la historia de la nación las reflexiones sobre el tema han sido muchas y muy diversas sustentadas bajo la pregunta ¿En este Bicentenario tenemos algo que celebrar?.

Lo cierto es que a casi 200 años de comenzar a escribir nuestra historia como nación los motivos de celebración pasan por los excesos hedonistas del pan y circo, siendo francamente escasos, fundados principalmente en el hecho de que a casi dos siglos de vida como país no hemos encontrado el camino que como mexicanos debemos seguir, o lo que es lo mismo, no tenemos proyecto de nación.

La dura crisis económica, la lucha interminable e indefinible contra el narcotráfico, el aumento de la pobreza, la inseguridad creciente, donde actos terroristas comienzan hacerse presentes auspiciado todo lo anterior bajo la cobija y complicidad de una triste clase política determinan e identifican con claridad lo que somos como república; un desastre.

Así, se pone en duda la verdadera independencia mexicana, la conquista y reconocimiento de los derechos consagrados en la Carta magna producto de la sangre revolucionaria y por ende evidencian que no existen las condiciones necesarias para celebrar un acontecimiento de tal magnitud como es el Bicentenario de México.

Pero más allá de preguntarnos si existen las condiciones como para festejar los doscientos años de vida como nación, debemos preguntarnos ¿Qué hacer para mejorar el nivel de vida y las condiciones que imperan en México?.

Bajo lo anterior cabe recordar y tomar como ejemplo a la España de los años 70, la cual durante esa década no solo puso fin al totalitarismo franquista, sino inicio la refundación española sustentada bajo una republica, donde uno de los acontecimientos que marcaron la pauta y pisaron el acelerador del desarrollo serian los llamados “Pactos de la Moncloa”.

Bajo las difíciles condiciones económicas que vivía la España de los años 70 incluso peores que las que ahora se viven en México donde lo más complicado se presentó al pasar en un solo año de una inflación del 20 al 44 % y tasas de desempleo de 900,000 españoles la clase política se puso de acuerdo.

Las diferentes fuerzas políticas tomaron la decisión de realizar una concertación política sobre un documento que definiera el rumbo de la nueva España republicana, bajo la premisa que bien ahora pudiéramos retomar y validar en las condiciones sociales que imperan entre los mexicanos “O los demócratas acaban con la crisis económica española o la crisis acaba con la democracia”.

La anterior frase es la base con la cual la clase política española de la época englobo las realidades ibéricas, las condiciones de los españoles eran tan graves que ni la democracia en si misma podría remediar por lo que era necesario tomar medidas extremas. Medidas que antepusieran el interés general por el particular toda vez que la politiquería no tenia cabida en un país donde podría matarse por hambre.

Tal documento, estimado lector, por si le parece coincidencia contempla una política presupuestaria, reforma laboral, reforma fiscal, política educativa y una política energética ¿Nos suenan estos temas a las reformas imposibles a las que se refiere Calderón?

El resultado es ahora claro a más de 30 años de dicha firma España - país que por mucho tiempo estuvo hundido en la miseria- se ha convertido en uno de los más representativos del progreso europeo, siendo protagonista en la toma de decisiones de la Unión Europea y donde el nivel de vida e ingreso per cápita son tales que la pobreza no es un indicador que los caracterice.

Esperemos que la clase política mexicana tome nota de la historia no solo nacional, sino universal, que permite demostrar que las condiciones que imperan en este país tienen que ver más con la actitud y voluntad política que con la falta de capacidad de las instituciones y que ahora en el marco de este Bicentenario próximo se puedan encontrar las convergencias necesarias que hagan posible la creación de los pactos políticos que den rumbo y marquen el proyecto de nación que requerimos para transitar a mejores caminos de desarrollo sin tomar en cuenta los intereses particulares, los partidos, las ideologías, sino únicamente el hecho de buscar un país más prospero, un México del cual nos sintamos aun más orgullosos que nos permita decir validamente ¡Viva México!.


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