En la intervención pasada me referí sobre aquel discurso mediante el cual el Presidente Calderón solicitaba que aquellos problemas que caracterizaban la realidad nacional no deberían plasmarse en el terreno internacional. Asimismo, en dicha columna, se formuló la interrogante de ¿Cómo es que vamos a enfrentar lo que simple y sencillamente pretendemos negar u ocultar?.
La respuesta a la pregunta más trascendental del sexenio calderonista se presentó a la mitad de su mandato bajo el nuevo esquema panista del Informe Presidencial, acto mediante el cual y según la propia Constitución, el Presidente debe dar cuenta del estado que guarda la nación.
En el acto mediático realizado en Palacio Nacional, el mandatario de México de pronto dejo atrás aquel discurso del “no pasa nada” para transformarlo en una critica directa al sistema político y a los políticos, donde prácticamente los culpa de los males que aquejan a la nación y los invita a participar en esta cruzada de cambio profundo.
Bajo el contexto de que el Presidente debe dar cuenta del estado que guarda la nación, la conclusión según el ejecutivo federal no es otra más, que el hecho de haber tocado fondo, donde el viejo sistema político, fundado y auspiciado bajo el amparo del priismo y donde prevalecen la inseguridad, la impunidad y corrupción ha llegado a sus más graves limites.
De esta manera Calderón presento los 10 puntos para cambiar a México, donde se destaca un sistema de educación de calidad, la reforma económica y política, así como también el combate a la inseguridad.
Así, Calderón dio inicio a un cambio de rumbo, mejor dicho, parece haber encontrado el rumbo –según su dicho- mediante el cual México debe transitar para por fin dejar atrás el sistema priista y consolidar el verdadero sistema democrático, entendido –como señala la Constitución- no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.
De esta manera el discurso del Tercer Informe de Gobierno calderonista marca el inicio del camino, donde cabe preguntarse ¿Por qué, después de tres años de gobierno, Calderón decide reconocer los problemas que aquejan a México?, ¿Cuál es el objetivo del Presidente al inculpar de estos males a la clase política?, ¿Se trata pues de un verdadero acto de conciencia o por el contrario estamos de nueva cuenta ante el discurso y la demagogia que caracteriza a los políticos de nuestro tiempo?
La respuesta obliga a la reflexión y por desgracia amigos lectores me temo que se trata nuevamente de un acto mediático a través del cual el ejecutivo federal, al puro estilo de Poncio Pilatos, decide dejar en el terreno legislativo la labor de transformar la realidad de nuestro país. No por nada Calderón enfatiza la necesidad de accionar las reformas necesarias y no conformarse con las posibles, pues en estos tiempos de crisis las últimas no son suficientes.
Bajo el contexto de que el partido en el poder –el PAN- lleva desventaja en el Congreso, la estrategia para esta segunda mitad del sexenio por parte de Calderón parece ser clara, dejar en manos y bajo la responsabilidad el estado de la Nación al Legislativo, ¿Por qué? Simple y sencillamente porque sabe que solo, será muy difícil consolidar su mandato y además curándose en salud, pues si no se presentan resultados favorables, no dudemos que de acuerdo a la característica de la descalificación panista se culpará a la oposición por no contribuir en aquellas transformaciones que requiere el país.
En conclusión, una vez más parece haberse eludido la responsabilidad de encarar los problemas nacionales, bajo el amparo de la retórica, donde el Presidente deja claro que si su gobierno no da resultados será responsabilidad de la oposición y del Congreso de la Unión, recordemos así la justificación de Fox sobre su incapacidad “el Ejecutivo propone y el Congreso dispone”.
Lo cierto es que a pesar del reconocimiento de las necesidades nacionales el camino de nueva cuenta suele tornarse político, caracterizado por la evasión de responsabilidad y compromiso nulo que hacen pensar que el Tercer Informe no fue más que un acto mediático. Hasta cuando se tomará en serio las necesidades nacionales y se atenderán de frente y sin pretextos pues la pregunta ahora es ¿Cuál es el estado que guardan los nacionales? Al tiempo.
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