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domingo, 4 de octubre de 2009

Juanito; fin al vía crucis de Iztapalapa

Cuando Rafael Acosta Juanito surgió a la fama política en aquella tarde donde Andrés Manuel López Obrador daba cuenta no solamente de su poder en aquellos lugares del D.F., sino además demostraba su infinito autoritarismo propio de los sistemas totalitarios del siglo pasado nadie vislumbró lo que Juanito se convertiría para la clase política, en especial, la de la llamada izquierda mexicana.

Así, este memorable personaje propio y característico de aquellos que a través de la llamada lucha social buscan cuotas de poder, durante más de dos meses, se transformó en el icono político de un pueblo que observa en él la posibilidad de acceder al poder por cualquier persona.

Lo cierto es que Juanito no fue más que una muestra clara de lo que la negra clase política nacional es; circo, traición e interés personal, características éstas encumbradas en el sistema político mexicano que a pesar de lo que se diga y se presuma; fundo y ha refundado las veces que ha sido necesario el PRI.

Y es que cuando la toma de protesta de Juanito se acercaba y gracias al actuar izquierdista de Rafael Acosta que ponía en jaque a la izquierda institucionalizada, la única que tiene cabida en este sistema; Marcelo Ebrad recordó aquellos años gloriosos, las clases y lecciones aprendidas en los tiempos en los que como Subsecretario de gobernación priista tenia que negociar con las masas, principalmente después del temblor y que paradójicamente ahora representan a los bastiones más encumbrados del PRD.

De esta manera Ebrad se reunió con Rafael Acosta Juanito y al estilo de vidente le hizo ver su suerte, demostrándole que las mafias políticas amarillas del DF eran no solamente las que lo habían llevado a la fama sino que de no cooperar serian también las responsables de su tumba política y el fin de la leyenda.

¿Pero como acabar con el sueño de Rafael Acosta sin destrozar al icono popular y luchador social Juanito? De nueva cuenta Marcelo recordó sus inicios priistas y brillantemente vino a su memoria que en política todo tiene solución y este problema no seria la excepción.

Así, en el preámbulo de la toma de protesta del fugaz delegado de Iztapalapa se monto toda una obra teatral cuyo segundo acto consistiría en marcar la pauta para la llamada enfermedad de Juanito y así aplanar el camino para su salida por la puerta grande.

El día de la toma de protesta de Rafael Acosta todo estaba listo para la representación teatral y el fin del vía crucis de Juanito, sabedor de que su enfrentamiento contra el sistema y la izquierda del sol azteca manipuladora y controladora de lo político en la Ciudad de México, Acosta se presentó y arremetió por ultima vez contra aquellos que se aprovecharon de nueva cuenta de los sueños y deseos de los mortales dejando en el tintero no solamente su corbata roja sino la frase que lo hará inmortal “¡muera el PR… muera el PT traidor!”

Lo cierto es que después de este teatro político, Juanito, no fue más que un personaje creado y destruido por la elite política aquella que da y quita -como “El dedo de oro” en la obra de Guillermo Sheridan- y que es la responsable de que Iztapalapa sea el patio trasero de la Ciudad de México, una zona urbana cuyos problemas sociales, ecológicos, económicos y políticos van más allá de lo que el propio Rafael Acosta pudiere imaginar.

Pero, ¿Dónde quedan pues los problemas de Iztapalapa en todo esto? eso no importa lo importante es demostrar el poder y control que el perredismo tiene en esa demarcación, pues los problemas sociales; esos que crean a personajes como Juanito y que cocinan una izquierda dentro de la izquierda mexicana institucionalizada, esos, esos que sigan esperando, pues no son prioritarios, no tan prioritarios como dar cuenta del poderío amarillo en la llamada Ciudad de la Esperanza.

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