La semana pasada en este mismo espacio se hablo sobre las circunstancias de la reformitis mexicana, que busca en todo momento la modificación de la norma, sin que ésta implique de manera directa un nuevo actuar por parte de la colectividad.
Y es que de nueva cuenta el gobierno federal busca acudir a la modificación de la ley para enfrentar la lucha contra el narcotráfico, esa lucha que se ha convertido en la cruz de Calderón y de la cual no se sabe si existen resultados positivos, pero si se conocen los daños que en la mayor parte del territorio nacional ha producido, principalmente entre la sociedad, la cual está cansada de escuchar hablar sobre una guerra que no le interesa pero que le afecta directamente.
Dentro de los daños que la lucha frente al crimen organizado ha producido, existen aquellos que han puesto en jaque la actuación de la única institución que durante el régimen presidencialista mexicano ha gozado en todo momento de aceptación y confianza; el ejercito.
Ante los desastres que la actuación del ejercito ha generado en distintas localidades, se presenta una propuesta en el Senado para reformar la Ley de Seguridad Nacional, que tiene como fin la eliminación del fuero castrense, con el objetivo de regular los delitos que los militares producen al ser desplegados en los Estados de la República.
Sin duda es prioritario realizar las adecuaciones jurídicas para que la actuación de las fuerzas armadas sea más efectiva, pues ya es sabido por todos que el enfrentamiento ante los grandes carteles y capos de la droga simplemente los está rebasando, tanto que en lugares como Ciudad Juárez, la presencia militar ya se ha vuelto un verdadero problema.
Se comenta por ejemplo que en esta Ciudad fronteriza el ejército ha ido literalmente a pasearse. Ha ido a revisar si los automovilistas tienen puesto el cinturón de seguridad, a requisar domicilios para robarse la despensa de los hogares de Juárez, ¿Y cuando se trata de narcotráfico? Pues, amigo lector, ahí simplemente salen corriendo como lo hace el resto de la población.
Bajo esta tónica y como siempre cuando se habla de algo que tiene que ver con la guerra frente al narco la pregunta suele ser la misma ¿Ha servido de algo la lucha frente al narco?, ¿Qué “verdades” tiene o conoce el Presidente de la República respecto a esta guerra que solo a él importa?, ¿Acaso no sabe que lo que inquieta a los mexicanos no son los narcotraficantes ni las drogas, sino la inseguridad y el miedo que la lucha ha producido?, y por último, ¿Acaso no sabe que la ciudadanía ya tiene miedo tanto a los narcotraficantes como a los militares? Probablemente por eso es que se pretende eliminar el fuero militar.
Y es que pareciera que la vacuna ha resultado peor que la enfermedad, y que los primeros resultados de una guerra que no tiene pies y cabeza y mucho menos estrategia definida empiezan a producirse.
El problema de la droga no es en sí mismo una circunstancia que aqueje a los mexicanos, tan solo, y de acuerdo a lo que señala la encuesta nacional de adicciones 2009, el 5.6% de la población es consumidora de alguna droga proscrita y solo 500 mil mexicanos padecen una adicción. Es decir que de cada 200 personas, solo una es víctima directa de las drogas.
Frente a esto, bien vale la pena preguntarse ¿Qué tan necesaria resulta la lucha frente al narco?, ¿Qué tanto afecta al país la actividad del narcotráfico?, ¿Cuáles son los verdaderos males de la droga en México?
Sin duda es verdad que la delincuencia organizada es por sí misma un problema y que de igual forma debe castigarse a todos aquellos que incumplan lo prescrito por la ley, pero ¿Qué tanto vale la pena aferrarse a una estrategia que hasta ahora solo ha producido malestares, estadísticas de capos detenidos y kilos de droga confiscada?
Por otro lado, mientras en México el comandante en jefe de las fuerzas armadas trata de convertirse en el Eliot Ness versión mexicana, los estadounidenses -aquellos que son los verdaderos responsables del mercado de los narcóticos, al convertirse en los máximos consumidores- comienzan a observar las bondades tributarias y económicas que esta actividad produce y poco a poco modifican su ley dando los primeros pasos para la legalización de las drogas en ese país.
La modificación de las leyes no debería ser la eliminación del fuero militar, sino por el contrario, debería iniciarse la discusión sobre la regulación en la producción, comercialización y consumo de las drogas en México. Esperemos pronto se trate por parte de las autoridades el verdadero problema de raíz; la prohibición.
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