Durante la semana anterior donde se llevaron a cabo una serie de encuentros denominados “Diálogos por la seguridad” en donde se conto con la presencia del mandatario mexicano, se observaron algunas cuestiones que son de resaltar y que dan cuenta de los nuevos tiempos políticos que vivirá nuestro país hasta 2012.
Así, en este encuentro; y a pesar de la participación de varios sectores, fuimos partícipes de la falta de legitimación que tiene el presidente tanto con la clase política como con la sociedad, circunstancia que lo ha orillado a buscar nuevos mecanismos validos de comunicación ya no solo con la sociedad, sino incluso con la propia clase política a la que a estas alturas del sexenio no le interesa ya lo que es acordar con el habitante de Los Pinos.
Dentro de uno de sus discursos en el marco de estos llamados diálogos; Calderón, recurrió a un pasaje bíblico “las bodas de Canaan” para expresar sutilmente la falta de aceptación, entendimiento y apoyo que ha tenido su política de seguridad y que a la fecha ya cuenta con un saldo de aproximadamente 28 mil caídos en tres años, según los datos emitidos por el propio CISEN en el mismo acto.
En el marco de estos señalamientos; el mandatario federal, señaló a los partidos de oposición por hacer caso omiso de sus solicitudes para adherirse a una guerra -que ya se ha expresado aquí- se percibe como una pugna puramente entre la federación y los capos de la droga.
Paradójicamente; los Diálogos por la seguridad, mostraron la falta precisamente de diálogo y concertación que existe entre el presidente y el resto de factores reales de poder.
Desde la instauración al inicio del sexenio Calderonista, la narcoguerra fue y ha sido vista como un acto puramente federal pues nunca se procuró un consenso y aceptación con el resto de la clase política y la sociedad civil que en toda estrategia permiten la venia necesaria para que la misma encuentre eco entre la colectividad. ¿Qué hubiera pasado si la actuación de la federación frente al narco fuese resultado de una exigencia ciudadana, apoyada por los actores políticos más representativos? Contrario a esto Felipe Calderón es percibido como poco más que un llanero solitario enfrentando a una delincuencia que si de algo goza es de organización.
Asimismo y derivado de la desesperación del gabinete Calderonista por legitimar la narcoguerra, por primera vez el Presidente de México, puso el dedo sobre el renglón; la aceptación de debatir la legalización de las drogas en México.
En este sentido este autor se ha expresado de manera positiva al respecto, pero más allá de la viabilidad que la legalización pudiera tener en sí misma, lo cierto es que el gobierno federal accede a entrar al debate de ella como una opción B para combatir el narcotráfico.
¿Qué busca Calderón al abrir la puerta al debate de la legalización? El sabe que en la manera en que la violencia se siga incrementando, el discurso del enfrentamiento directo con los narcos se va a ir agotando como ha venido ocurriendo, por lo que la sociedad exige –principalmente en los estados donde esta violencia es incontenible- mecanismos alternativos como la legalización.
Bajo esta tónica el propio calderonismo sabe que el tema de la legalización no solo podrá ser una alternativa viable para terminar con esta guerra a la cual ya no se le encuentran ni pies ni cabeza, pero que además permitirá en su momento servir de estandarte electoral frente a una sociedad agotada y aterrorizada por los narcotraficantes.
Aunado a lo anterior con el hecho de subir a la arena del debate la legalización, el Ejecutivo federal, sabe perfectamente que puede convertirse este solo hecho como el motor que permita mayor participación e interés de la sociedad por esa disputa entre gobierno y delincuencia organizada.
Y es que después de asesinatos, secuestros de personajes políticos, de periodistas, muertes de civiles, entre otras cuestiones; no dude amigo lector, que en un futuro la legalización de las drogas pueda ser un estandarte legitimo en el momento de hacer campaña, ¿Qué cree usted que piensen aquellos que han vivido en carne propia los daños tanto directos como colaterales de esta guerra que se percibe como perdida por parte del Gobierno?
Todos estos acontecimientos demuestran, que desde Los Pinos comienza a tejerse una nueva estrategia sobre la “estrategia de la lucha contra el crimen”; misma, que para el gobierno federal ha tenido poco mas que la consecuencia de 28 mil vidas, sino que la misma ha sido la originaria para que la administración Calderonista tenga un dialogo nulo con los principales actores nacionales.
Y es que hasta cuando un gobierno como el Calderonista se encuentra solo vale incluso la pena apostarle a propuestas tan contrarias a sus principios como puede ser la propia legalización de la droga.
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