En semanas anteriores fuimos partícipes de un gran número de actos lamentables en el seno del Congreso de la Unión; de igual forma, en la sesión maratónica del jueves pasado al interior del Poder Legislativo del Estado de Tlaxcala y en los asuntos generales, diputados de PRI y PAN dieron muestra de su capacidad para ofender no solamente a sus compañeros legisladores, sino para opacar la función que les fue otorgada por parte de los ciudadanos.
Dichos acontecimientos que son una muestra del nivel político e ideológico que impera en la clase política, nos hacen reflexionar sobre el mejoramiento de éste poder público, responsable en la teoría de los pesos y contrapesos, de ser un equilibrio directo en contra de los actos del ejecutivo e impedir con ello el establecimiento de un régimen totalitario.
Bajo ésta perspectiva y ahora que también se encuentra la Reforma del Estado en un impasse legislativo, se deben tomar en cuenta la serie de agresiones, señalamientos, e injurias que bajo "el fuero" los legisladores pueden realizar para referirse a quién quieran y bajo las palabras que deseen.
Como parte de la Teoría Constitucional de la democracia representativa se considera que el Poder Legislativo es el responsable de representar, al menos en la Cámara Baja, la pluralidad ideológica que existe en determinado Estado, motivo por el cual se permite que sean ciudadanos, incluso sin alguna preparación, aquellos que puedan acceder a un puesto tan importante.
De esta manera, se permite construir una Cámara representativa de todas las clases sociales, sin mayor distingo que el de encabezar -al menos doctrinariamente- los intereses ciudadanos. Pero ¿Qué pasa cuando esa representatividad se lleva al extremo de denigrar y sobajar a un poder como el Legislativo?, ¿Resulta válido anteponer la pluralidad, frente a la capacidad legislativa?, ¿Es viable que las alusiones personales entre los legisladores se ventilen en la forma en que se realizan y que la tribuna legislativa, que fue concebida como palestra para el diálogo y la disertación, sea utilizada como herramienta para poner en entredicho la honorabilidad de las personas?
Sin duda, lo visto en San Lázaro y en la Legislatura Local la semana pasada constituye una serie de actos lamentables para nuestra sociedad y nos obliga a pensar en herramientas que permitan enarbolar la difícil tarea congresista. Demos paso a la reelección legislativa como mecanismo para que aquellos que dicen representarnos en una curul, rindan cuentas a la ciudadanía y no a aquellos a los que les deben algún favor o pleitesía.
En tanto no se logre dar paso a la reelección legislativa y limitar las candidaturas por representación proporcional, seguiremos siendo participes de actos tan grotescos como los señalados. Esperemos que el PRI, que dice ser el motor de un nuevo México, efectivamente no limite en el marco de la Reforma del Estado contar con un mecanismo eficiente para la profesionalización legislativa como lo es la propia reelección de diputados. Al tiempo.
Desde la barrera
Se comenta al interior de las diferentes dependencias el oficio signado por el Oficial Mayor de Gobierno respecto a la disminución salarial que sufrirán distintos niveles en la administración pública local. Tal acto no solamente es muestra clara de una falta de planeación presupuestal sino además es contrario a las propias leyes de Tlaxcala.
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