El pasado sábado 4 de diciembre, el Partido Acción Nacional comenzó su estrategia con miras a enfrentar el proceso electoral de 2012, batalla política que por cierto, será la más compleja del nuevo milenio para el partido en el poder.
En medio de una serie de derrotas memorables en lo largo y ancho del país y un mínimo de victorias electorales auspiciadas por alianzas sumamente complicadas la dirigencia nacional del partido blanquiazul dejo de estar en manos del cuestionado Cesar Nava pasando la estafeta a un panista poco conocido pero que durante el sexenio Calderonista ha sido elevado a la palestra política más importante del país.
Senador de la República, Gustavo Madero ha visto sus mejores años políticos durante el mandato del Presidente Calderón, comunicólogo y empresario, el legislador ha sabido corresponder las oportunidades y encomiendas que desde “Los Pinos” le han planteado sus más cercanos socios políticos.
Con el apoyo de la mayoría de Consejeros Nacionales de Acción Nacional, de 22 de los 27 Senadores que dirige como coordinador de bancada en Xicoténcatl, e impulsado y apadrinado por la primera dama, Margarita Zavala, el panista tiene ahora en sus manos la encomienda de cambiar el rumbo de las preferencias electorales que al día de hoy lucen muy claramente inclinadas a favor del priismo y más concretamente en beneficio del mandatario mexiquense Enrique Peña Nieto al que por cierto ya se le liga en negocios dudosos con empresas importantes, como el Grupo Televisa.
Bajo esta tónica Madero vivirá a partir del próximo año y hasta el 2012 el más grande de sus retos; lograr un tercer sexenio para la derecha mexicana.
Tal circunstancia se vislumbra un tanto cuanto compleja, a pesar de la capacidad, liderazgo y sobre todo ecuanimidad que han hecho de Madero una de las piezas políticas claves del calderonismo durante los últimos tiempos.
En principio de cuentas, el Senador Madero deberá sanar las heridas al interior de su partido que son resultado de un proceso muy competido principalmente con su mayor opositor Roberto Gil Zuarth, quien logró el apoyo de la mayoría de delegados federales del país, así como también el espaldarazo incondicional de Patricia Flores llamada por muchos “la mujer fuerte de la Presidencia”.
Esta variable de saneamiento interno será la primera prueba del mandato maderista, pues resulta fundamental para eficientar electoralmente al partido blanquiazul, la operación política que realicen los delegados federales en sus respectivos estados.
Otro problema que enfrentara Madero a su arribo a la Presidencia panista será el costoso pacto realizado con el “Yunque” que permitió el debilitamiento de Roberto Gil. Con este acuerdo Madero no solamente otorgo mayores posiciones al “Yunque” en el organigrama partidista, sino además otorga mayor fuerza a uno de los grupos más conservadores de la derecha mexicana, lo que a su vez complica la designación oportuna de candidatos fuertes.
Así los retos más importantes de Madero se encuentran paradójicamente al interior de su organismo político, mismo que durante los últimos procesos electorales ha sido aplastado por una maquinaria priista que parece haber renacido y que empuja con mayor fuerza.
De esta manera la labor maderista deberá inclinarse por el diálogo, la concertación, la tolerancia y la suma de panistas a su proyecto, pues resulta necesario en primera instancia convencer al panismo en su conjunto de la necesidad de un cambio de rumbo, de un cambio de visión, para después poder convencer a la sociedad.
El panismo deberá entender tanto a nivel nacional como a nivel local que la disputa no es entre miembros del mismo instituto político, sino por el contrario, los verdaderos y más peligrosos adversarios son los miembros de las otras organizaciones políticas, principalmente los priistas, quienes han sabido materializar y aprovechar los revanchismos, las disputas y peleas que han existido entre los blanquiazules.
Madero deberá impulsar un nuevo panismo, más dinámico, menos caciquil y sobre todo aliado pero no dócil frente a la institución presidencial de la que por cierto se conoce su intromisión total en la toma de decisiones partidistas y que han llevado, en la mayoría de los casos, al fracaso electoral y la pérdida de legitimación de Felipe Calderón.
El nuevo presidente panista deberá estar muy atento de la forma en que se conducen los Comités Estatales y Municipales blanquiazules, del secuestro que han sufrido la mayoría de ellos por personajes a los que solo les importa vivir del partido y que cuando se trata de buscar el voto han resultado poco efectivos.
Para que exista un nuevo PAN no se requiere otra cosa más que hacer una introspección y corregir los errores y evitar los excesos que se han presentado en este partido político desde su arribo al poder.
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